Diario de una novela en construcción

Bienvenido a este blog. Si estás leyendo estas lineas es porque el destino lo ha querido ya que nada es casual (ni siquiera abrir una puerta o doblar una calle). El asunto es que ahora podrás seguir de cerca el proceso de escritura de mi novela en tiempo real. Se trata de Novelis, Artemio Novelis y sus peripecias que empiezan el día en que se pierde en Parque Chas tras un confuso episodio en el subte.

Esta historia que comenzó como un cuento, creció hasta convertirse en un proyecto de novela que intentare desarrollar a través de entradas breves que me permitan atravesar el laberinto de la creación poética.

Quién sabe si lo lograré...

domingo, 30 de mayo de 2010

La muerte de Talos

Algunos historiadores cuentan que Dédalo tenia un ayudante llamado Tántalo o Talos y que, envidioso porque un día lo superó al inventar una sierra mejor que la suya (al parecer hecha con una mandíbula de serpiente) lo convenció para que subiera a la Acrópolis y luego, mediante un engaño, aprovecho un descuido de Talos y lo arrojo desde lo alto causándole la muerte. Otros no van tan lejos y afirman que la muerte de Talos sólo fue un accidente. Como dijimos, Dédalo concibió y construyó el laberinto para encerrar al monstruo de Minos pero antes, además, ideo una vaca mecánica. Este curioso artefacto que inventó Dédalo le permitió a Pasifae meterse dentro y engañar al monstruo para que copulara con ella.

Asterion



En “La casa de Asterion”, Borges describe el laberinto de Creta. El cuento está narrado en primera persona por el mismísimo mounstruo y hay quienes encuentran en esta originalidad lo más valioso que nos puede deparar su lectura. En todas las versiones anteriores del mito el minotauro resultaba siempre el victimario. Borges en su relato lo propone como la victima. La fuerza dramática del cuento esta justamente en el peso del encierro y la soledad que soporta el minotauro, preso de un laberinto que para Borges por supuesto ha de ser infinito.
En el final del cuento, la muerte tiene una función liberadora, incluso sabemos que el Minotauro la desea, y esto es quizá lo que Teseo no entiende. El Minotauro no se resiste porque desde siempre ha estado esperando que la espada de Teseo lo redima y le ponga fin a una existencia absurda.
Pero no sólo hay laberintos arquitectónicos, hechos de piedra y argamasa. Mucho más inquietantes, mucho más atroces, son los que construimos dentro de nosotros mismos. Me refiero al laberinto de las maquinaciones de nuestra propia mente.
El físico nos lleva a perdernos en los corredores del mundo y como ya dijimos de eso nos libera la muerte. El otro, en cambio, el de nuestra psicología, es invisible e inmaterial y lo llevamos con nosotros donde quiera que vamos.