Diario de una novela en construcción

Bienvenido a este blog. Si estás leyendo estas lineas es porque el destino lo ha querido ya que nada es casual (ni siquiera abrir una puerta o doblar una calle). El asunto es que ahora podrás seguir de cerca el proceso de escritura de mi novela en tiempo real. Se trata de Novelis, Artemio Novelis y sus peripecias que empiezan el día en que se pierde en Parque Chas tras un confuso episodio en el subte.

Esta historia que comenzó como un cuento, creció hasta convertirse en un proyecto de novela que intentare desarrollar a través de entradas breves que me permitan atravesar el laberinto de la creación poética.

Quién sabe si lo lograré...

jueves, 15 de julio de 2010

La dama que espera



La dama del pelo reluciente y la voz encantadora, ¿aguarda en una playa desierta o en la esquina de Londres y Copenhague? Pienso en eso y dibujo el círculo de la luna en mi cuaderno de anotaciones. Un eco melodioso reverbera en mi cabeza, un canto lejano, no es una música pero se deja oír con los ojos. Tic tac tic tac tic tac. Se me hace claro que deambula por ese extraño damero de calles pero tal vez es un sueño, tal vez Parque Chas no existe por lo tanto tampoco el Club del Trébol, tampoco la librería, tampoco el Craysler Carabela. Insinuas que estas imágenes son pura ilusión, te ruego que me las devuelvas, te digo ladrón, pero gritas mas fuerte y me las ocultas, y me desafias abriendo bien grande tu ojo de cíclope a que adivine en que mano estan. En esa. Perdiste; y suelto el llanto mientras te cagas de risa. Entonces despierto. Pero mi libro ya no está. ¿Cuántos millones de litros de agua hacen falta para albergar un enjambre de serpientes en mi sombrero? Tic tac tic tac tic tac. El tiempo es algo extraño. Como un molusco se expande y se contrae. El lunes antecede al miércoles para que ocurra el martes ¿Es la hora de ir a dormir o de despertar? La víbora se muerde la cola; el círculo vuelve a empezar. Entro y salgo por una puerta giratoria. Escribo junto a una ventana que da a la calle Dublín. Urdo un libro donde una dama misteriosa teje y desteje una noche infinita y espera mientras vago por las calles de un laberinto infranqueable que no figura en los mapas.

El círculo y las serpientes



-Cuénteme el sueño, Novelis.
- Me encuentro en el túnel. Una soga me sujeta por la cintura y no me deja avanzar. Me ata a algo que está detrás mio y que arrastro pero no me es posible ver a qué. Entonces saco un cuchillo que tengo en el sobretodo y corto la cuerda secamente. Camino por el pasadizo y al cabo de un rato me doy cuenta que es una red muy compleja de corredores subterraneos. Llego a un recodo donde hay una escalerita de metal en la pared de piedra. Subo los cuatro o cinco peldaños y doy con una escotilla. La levanto a duras penas porque es pesada, la corro a un costado cosa de poder pasar y finalmente la atravieso. La abertura da a una playa desierta y me asombra gratamente sentir ese aire salobre. Camino unos metros hacia la orilla del mar. Tengo la secreta sensación de que una puerta o mas bien un enorme y pesado portón se cierra tras de mi. En ese preciso instante escucho un estruendo y al voltearme descubro un cofre que ha caido del cielo para incrustrarse en la arena. Lo contemplo perplejo. En eso, del interior entran a salir más y más serpientes. Pronto son decenas que vienen a mi. Me quedo inmóvil, azorado, viendo como se deslizan rápidas y sigilosas. Entonces una voz que parece venir del mar me sugiere que trace un círculo a mi alrededor. Asi que tomo el cuchillo y le hago caso. Y las serpientes no pueden entrar. Pero me horroriza la idea de que un ramalazo del viento o una ola borre el círculo protector. En ese momento me despierto.
-¿Qué le pasa con las viboras, Novelis?
-Les tengo miedo, doctor. Recuerdo que una vez alguien me regalo para un cumpleaños un libro para colorear. Eran todas siluetas de animales y las que más llamaron mi atención fueron las de las serpientes, de hecho fue las que pinté. Unos días después fuimos al campo y mientras cazábamos pajaritos con mis primos, nos perdimos en un cultivo. De pronto escuchamos un alarido. Cuando fuimos a ver, mi prima Elba estaba tirada en el suelo. Una serpiente la había mordido en la pierna y después de unas horas murió. Cuando volvimos a casa agarre el libro, arranque las hojas donde estaban las víboras, las rompí en mil pedazos y a moco tendido le roge a mamá que las tirara por el desague.
-Pero han regresado y ese círculo en la arena no parece servir de mucho, Cuánto puede durar un dibujo hecho a orillas del mar. ¿Por qué no lee sobre las serpientes, Novelis? Investigue, aprenda todo lo que pueda sobre ellas, estudie sus diferentes especies, sus hábitos, en fin. Consulte libros de zoología si quiere y fíjese a ver que encuentra. Nada nos produce más temor que lo que desconocemos.

domingo, 11 de julio de 2010

El libro de la luna

Uno de los objetos más valiosos y extraordinarios del tesoro de la Orden era el libro de la luna. No viene al caso que detalle en este momento como fue que el Ingeniero lo tenía en su poder desde antes de mi aparición en Parque Chas. El asunto es que un día me lo dio y me dijo que me ayudaría en mi trabajo de escribir el libro que me habían encargado con su esposa.
El singular artefacto era en verdad un prodigio y pocos saben lo mucho que me costó comprender su lenguaje. Los Grau, cuando me lo dieron, me advirtieron que no sería fácil vermelas con él y me aclararon que de hecho nadie nunca lo había logrado al menos en Parque Chas. El libro era antiquísimo y según me dijo don Antonio había sido hallado por unos arqueólogos en Egipto a principios del siglo XX.
Cuando el Ingeniero me lo dio yo estaba mal porque extrañaba a Luz. De golpe se me había dado por atormentarme queriendo saber que sería de su vida, más allá, de lo que me contaba cuando hablábamos por teléfono. Me imagine que habría llorado aquel día que la llame para decirle que me había perdido en el laberinto y que ya no nos veríamos más. La veia abrazada a la señora Rosemberg, su madre, buscando consuelo. Después cai en la cuenta que en algún momento conocería a alguien allá en Europa y que el muy maldito ocuparía mi lugar, sin dudas, y seguro le daría el hijo que yo le había negado. ¿Cuánto tiempo habría durado su llanto por mí hasta terminar en los brazos de este hijo de puta? Estuve toda la noche demorándome en esa madeja tortuosa hecha de fantasía, imaginándome cada posible escena de manera minuciosa mientras tomaba una cerveza hasta que termine, quebrado por el llanto, lanzando la botella por la ventana que daba a Berlín.
En ese momento vi que Elmer venia caminando por la calle desierta con los brazos extendidos como un sonámbulo al punto que ni se mosqueo cuando la botella se estrello contra los adoquines. Eran las cinco o las seis de la madrugada Elmer, totalmente desnudo, apenas cubierto por la chaqueta del General, iba y venia como si lo llevaran los diablos. En eso, el cuñado del Ingeniero, se frenó en seco, saco la flor de su chaqueta militar y era como que la acariciaba pero de buenas a primeras empezó a los gritos a proferir insultos a diestra y siniestra. Después, hizo una reverencia a cada uno de los puntos cardinales, se calzo la rosa roja entre los dientes y canturreando la marchita se perdió por Berlín rumbo a la placita de la calle Londres.

domingo, 4 de julio de 2010

La novia de Elmer

Un domingo Elmer pasó por el Club y me pidió que lo acompañe a la placita de la calle Londres. El sol brillaba sobre los empedrados. Era una mañana muy calurosa.
-¿Qué día peronista, vio, Novelis?
-¿Qué vas a hacer a la plaza?
-Voy a cumplir un pedido del General. Parece que anda queriendo darle un gusto a su pueblo. Asi que Elmer tiene que obedecer.
-Ya veo. ¿Y esa flor, che?
-Ah, es para mi novia, nuestra abanderada. Pero ojo Novelis, eh. Que esto quede entre usted y yo…

Cuando llegamos a la placita, los pibes esperaban a Elmer sentados al pie del busto de Eva. Apenas lo vieron se le colgaron del cuello llenos de alegria. ¡Elmer! ¡Elmer!, gritaban y lo besaban. ¿Quieren jugar un rato en las hamacas y después los llevo a comer unos sandwiches?, les preguntó. Luego me miro como queriendo saber si yo tenia unos pesos. Asi que tome de la mano al que tenía una gorra y lo lleve a los juegos. Yo me quede con los pibes. Elmer volvió, se postró ante el busto de Eva, después le dio un beso en los labios y le ofrendó la flor. Más tarde fuimos con los pibes al Trébol. Le pedí al mozo que trajera unos sanwiches. Elmer no paraba de abanicarse por el calor. Los pibes comieron hasta casi atragantarse y no pararon de hacer travesuras. Se sacaban los mocos, se peleaban y hacian un bochinche bárbaro ante la risa indisimulada de nuestros amigos del Club.
-Cómo puede ser que en nuestra patria haya pibes que no tiene para comer, turco –le dijo Elmer a Jalil que se nos había agregado a la mesa.
-¿Podemos tomar coca?, suplico el de gorrita.
-Si, mijito ahora Novelis le pide al mozo. Ojo que después le digo a mi hermana que le devuelva la plata. Coman, chicos. Hoy van a pasar un lindo día como le gusta al General. Después, el turco va a dar una función de titeres para ustedes, ¿que les parece?

sábado, 3 de julio de 2010

La Orden de la Labrys

Borges ha dicho que más extraña que la idea de un hombre con cabeza de toro es la de una casa hecha para que la gente se pierda, pero la agudeza sin par del autor de Ficciones ha resaltado, no obstante, la correspondencia de ambas ocurrencias, pues es conveniente que en una casa monstruosa haya un habitante monstruoso.
De las innumerables versiones que intentan dar cuenta de las razones que tuvo el señor Chas para construir su laberinto, entre los barrios de Agronomía y Villa Urquiza, a mediados del 25’, casi ninguna es del todo cierta (no es verdad que alguien se lo ordeno en un sueño, no es cierto que su esposa practicaba la sodomía, tampoco que hizo un pacto diabólico). Lo cierto es que gracias a él, Buenos Aires, como antes Egipto o Creta, tendría también su propio laberinto.
La historia dice que uno o dos años antes de que comenzaran las obras, el señor Chas viajó con destino a Italia. En Sicilia, lo aguardaba la cúpula de la Orden de la Labrys, una sociedad secreta con filiales en todo el mundo de la que Chas era miembro. Durante aquel encuentro, en privado, Chas recibió de manos del señor Lamborghini, apoderado general de la Orden, los documentos de la sociedad y el pedido de llevarlos a Buenos Aires, junto con el tesoro de la antigua organización. La idea de los cofrades era designar a Chas Gran Daedalus de la Orden y proponer a la ciudad porteña como su nueva sede para resguardarse de los riesgos que implicaba una Europa arrasada por la guerra mundial. El señor Chas se mostró encantado y muy honrado por tal designación y se comprometió a construir un laberinto en las tierras que acababa de heredar en la capital argentina que no sólo preservaría el tesoro sino que mantendría, además, en el más absoluto silencio, sus actividades.
El flamante nuevo líder, a su regreso, puso manos a la obra, emplazó el laberinto y dispuso para si una casa en la calle Bauness, donde viviría el resto de su vida, dedicado a presidir la Orden y resguardar sus tesoros hasta el día de su muerte. Se dice que entre las muchas riquezas que acuñaba la Orden se encontraba una de las colecciones de arte antiguo más extraordinaria y cuantiosa de la historia, que había pasado de generación en generación, a través de los siglos, lo cual nos da una idea acerca de los remotos orígenes de la Orden.

jueves, 1 de julio de 2010

La rebelde Lilith

Una de las historias más atractivas del archiriquísimo acervo folklórico hebreo es sin duda la de la rebelde Lilith. Como ya dijimos, según la Biblia, la primera mujer de Adán fue Eva pero esta otra versión, acaso más antigua, dice que antes de ella ya había creado Dios a otra mujer. Cuentan que Adán debía ponerle un nombre a cada uno de los seres vivientes que había en el Edén y al verlos desfilar frente a si tomó conciencia que todos tenían pareja menos él. El primer hombre, que tenía ya veinte años, mantenia relaciones sexuales alternadamente con varias de esas hembras, pero no encontraba plena satisfacción con ninguna. Fue así que sintió que, en materia amorosa, el creador estaba en deuda con él. Enterado Dios del sentir de su criatura, le prometió hacer justicia y crear para él una compañera apropiada. Así fue que tomó barro, pero no habiendo ya del mismo que sirvió para darle forma a él, tuvo que echar mano a otro putrefacto y maloliente. Luego lo moldeo, le dio forma de mujer y sopló sobre su rostro el aliento de vida. Pero aunque Adán se unió a Lilith y podían disfrutar de las delicias infinitas del Edén donde no sólo las demás criaturas sino también los cuatro elementos de la naturaleza les eran obedientes, no había armonía entre ellos. El punto es que Adán pretendía que Lilith se acostara debajo de él para hacer el amor a lo que ella se negaba sistemáticamente alegando que ambos habían sido hechos de barro y por lo tanto eran iguales. Cuando Adán, cansado de la desobediencia de Lilith, fue a ver a Dios para que intercediera, este lo escucho atentamente y llamó a Lilith para reprenderla y decirle de su propia boca que debía obedecer a su esposo y ser sumisa con él. Lilith lo escuchó en silencio y se retiró pero cuando esa noche, en la intimidad, Adán la buscó, se volvió a reiterar la escena ya conocida hasta que Lilith, harta ya de los intentos de Adán de obligarla a obedecer, se levantó y furiosa pronunció el nombre mágico de Dios elevándose por los aires como hacen las brujas y, no sin antes maldecir a su esposo y al mismísimo ser supremo, partió rumbo al desierto, más allá de los límites del Edén. Lilith abandonó así a su esposo y desoyó reiteradas veces el pedido de Dios para que reflexionara y volviera junto con él. Se estableció en una cueva en el Mar Rojo y según una leyenda posterior se dedico a la lujuria engendrando cientos de demonios por día.

Regina Coeli



La luna gobierna sobre las aguas. No importa si se trata de lluvias, ríos o mares abundantes en peces. Ella marca un ritmo, un pulso constante; un abrir y cerrar, un perpetuo atar y desatar. Tal vez por eso se habla de ella como un icono de la resurrección de las almas. Su influjo actúa sobre todo lo que fluye como la circulación de la sangre, la cicatrización de una herida, el crecimiento del pelo o las plantas. Por su ciclo de veintiocho días está asociada a la mujer y por lo tanto a la fertilidad. Y se sabe que también incide sobre los alumbramientos.
La gente del campo sigue muy de cerca los ciclos lunares sobre todo antes de sembrar o cosechar los frutos de la tierra. La luna también se asocia con los espejos porque su fuego es el reflejo del sol. Se dice que Pitágoras tenía uno mágico que ante la luz lunar mostraba el porvenir. Hay algo inefable en la luna que desde siempre ha despertado nuestra imaginación inspirando a los poetas. Hay en este cuerpo celeste un halo de eterno retorno que acaso la hace resplandecer muy especialmente entre todos los arcanos.