jueves, 1 de julio de 2010
La rebelde Lilith
Una de las historias más atractivas del archiriquísimo acervo folklórico hebreo es sin duda la de la rebelde Lilith. Como ya dijimos, según la Biblia, la primera mujer de Adán fue Eva pero esta otra versión, acaso más antigua, dice que antes de ella ya había creado Dios a otra mujer. Cuentan que Adán debía ponerle un nombre a cada uno de los seres vivientes que había en el Edén y al verlos desfilar frente a si tomó conciencia que todos tenían pareja menos él. El primer hombre, que tenía ya veinte años, mantenia relaciones sexuales alternadamente con varias de esas hembras, pero no encontraba plena satisfacción con ninguna. Fue así que sintió que, en materia amorosa, el creador estaba en deuda con él. Enterado Dios del sentir de su criatura, le prometió hacer justicia y crear para él una compañera apropiada. Así fue que tomó barro, pero no habiendo ya del mismo que sirvió para darle forma a él, tuvo que echar mano a otro putrefacto y maloliente. Luego lo moldeo, le dio forma de mujer y sopló sobre su rostro el aliento de vida. Pero aunque Adán se unió a Lilith y podían disfrutar de las delicias infinitas del Edén donde no sólo las demás criaturas sino también los cuatro elementos de la naturaleza les eran obedientes, no había armonía entre ellos. El punto es que Adán pretendía que Lilith se acostara debajo de él para hacer el amor a lo que ella se negaba sistemáticamente alegando que ambos habían sido hechos de barro y por lo tanto eran iguales. Cuando Adán, cansado de la desobediencia de Lilith, fue a ver a Dios para que intercediera, este lo escucho atentamente y llamó a Lilith para reprenderla y decirle de su propia boca que debía obedecer a su esposo y ser sumisa con él. Lilith lo escuchó en silencio y se retiró pero cuando esa noche, en la intimidad, Adán la buscó, se volvió a reiterar la escena ya conocida hasta que Lilith, harta ya de los intentos de Adán de obligarla a obedecer, se levantó y furiosa pronunció el nombre mágico de Dios elevándose por los aires como hacen las brujas y, no sin antes maldecir a su esposo y al mismísimo ser supremo, partió rumbo al desierto, más allá de los límites del Edén. Lilith abandonó así a su esposo y desoyó reiteradas veces el pedido de Dios para que reflexionara y volviera junto con él. Se estableció en una cueva en el Mar Rojo y según una leyenda posterior se dedico a la lujuria engendrando cientos de demonios por día.
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