Diario de una novela en construcción

Bienvenido a este blog. Si estás leyendo estas lineas es porque el destino lo ha querido ya que nada es casual (ni siquiera abrir una puerta o doblar una calle). El asunto es que ahora podrás seguir de cerca el proceso de escritura de mi novela en tiempo real. Se trata de Novelis, Artemio Novelis y sus peripecias que empiezan el día en que se pierde en Parque Chas tras un confuso episodio en el subte.

Esta historia que comenzó como un cuento, creció hasta convertirse en un proyecto de novela que intentare desarrollar a través de entradas breves que me permitan atravesar el laberinto de la creación poética.

Quién sabe si lo lograré...

martes, 15 de junio de 2010

Dédalo y la vaca mecánica

Dédalo vivía en Atenas. Su familia, perteneciente a la casa real, descendía de un rey legendario llamado Erecteo. Si son ciertas las versiones que lo acusan de haber asesinado a su sobrino, entonces habrá que aceptar que también lo son las que afirman que el Areópago, no pudiendo encontrar suficientes evidencias, lo sentenció al destierro en la isla de Creta.
Dédalo era grandioso. Su fama se extendía por toda la Hélade. Era un extraordinario artífice, el más brillante de todos. Por eso es posible que su ego de artista le haya jugado una mala pasada al advertir que Talos se perfilaba aún más sobresaliente que él. Su hermana se lo había confiado aún niño para que lo iniciara en el oficio. Muy pronto, el muchacho dio indicios de ser un joven precoz. Se dice que debemos a su talento el compás y la rueda de alfarero, además de la ya mencionada sierra que causaría su desgracia.
Dédalo era forjador y también arquitecto. Trabajaba como nadie las piedras preciosas lo que le permitía muchas veces ganarse el favor de las mujeres. Hacia joyas en verdad bellísimas. Uno de los datos más curiosos que se mencionan sobre él es el de unas esculturas capaces de cobrar movimiento. No son pocos los que afirman, incluso, que lo que las animaba no era ningún secreto mecanismo sino un verdadero prodigio. Al parecer, el gran artífice, dominaba ciertas artes mágicas en las que había sido iniciado por una sacerdotisa del templo de Hécate. La esposa de Minos era hija de esta diosa y hermana de Circe, la hechicera. Su sobrina era Medea, de quien sabemos algo gracias a la magistral tragedia que nos legó Eurípides. Toda la familia de Minos adoraba al inventor venido de Atenas sobre todo por estas curiosas muñecas móviles. Una tarde, la reina lo llamó sin que supiera Minos, para confesarle su pasión por el toro albino. Ella estaba al tanto de su fama como inventor y pensó que era el único que podía ayudarla. Y no se equivoco. Dédalo, luego de meditar, tuvo una idea. Al tiempo, el genial ateniense, había confeccionado una vaca mecánica hecha de madera hueca a la que hizo cubrir con cuero vacuno cosa de que presentara no sólo la apariencia sino también el olor de la hembra del toro. El artificio incluía una portezuela para que la reina pudiera entrar y acomodarse en la posición necesaria a la espera de que el toro se sintiera atraido. La reina estaba encantada y llenó de elogios a Dédalo que una vez más demostraba su genio sin igual. Luego, haciendo llevar el invento al pastizal donde se hallaba el toro de Poseidón, Pasifae entró, se acomodó y Dédalo se retiro discretamente. La vaca ideada por el ateniense estaba tan lograda que apenas el toro la vio, el poderoso instinto de la naturaleza lo venció y atropellando todo obstáculo, bramando, corrió hacia ella y la monto.
Tiempo más tarde, una vez nacido el mounstruo, fruto de este amor, Minos, obsesionado con encontrar la manera de ocultarlo, consultó el oráculo y obtuvo como respuesta que debía encargar a Dédalo la construcción de un laberinto. Un detalle a tener en cuenta es el significativo nombre de la reina que nos obliga a asociarla con el arquetipo lunar. En efecto, Pasifae, es “la que brilla para todos”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario